miércoles, 22 de enero de 2014

Doce maneras de esperar el final, hablando de amores a distancia.


Sí, menudo topicazo, Ari. Tu originalidad nos deslumbra. Y qué queréis que os diga, si está en boca de todos también tendré derecho a besar este tema. Aunque no deba hacerlo.

Partimos de la base que el amor, en algún momento de nuestras vidas, ha dejado que nos partan el corazón y que partamos solos hacia personas desconocidas, con las manos en la espalda y a pecho descubierto. Para que nos amen y nos maten sin ningún tipo de piedad.
Bien. El amor a distancia es algo así como el mejor y a la vez peor ciego que te pillas en tu vida sin saber lo que es volver a casa borracho, habiendo perdido en un juego de cartas y alcohol todos tus sentidos; el gusto de no haberte conocido, el tacto con el que me has trato, el olfato con el que te he olido en mis sueños, tu voz en mi oído a kilómetros, y el windows vista que va demasiado lento como para verte recién levantado. Y a todo eso que he dicho, le sumamos los huevos que le echamos para que todo salga bien y todo el tiempo que invertimos en querer a palabras, arropadas en lágrimas que yo misma he ahogado, apoyando tu alma en la suya, arrancando corteza de los árboles para dársela, contando días que no años, y, qué cojones, viajando porque es siempre ahora o nunca. Un continuo "ya sabes que contigo, hasta el final". Y mira, qué bonito. Qué bonito y qué triste.

Nadie que tenga dos dedos de frente me va a dar la razón. Ojalá todos queráis de lejos, con una venda en los ojos y las ganas de conocer a alguien por lo que realmente es, con su risa y sus maneras, sus manías, su vida creada a su medida y sus objetivos inalcanzables. Con su pintauñas azul, las ganas de abrazarte y una película a medias. El miedo entre los dientes y las calles. Y los te quiero bajito. Hoy tengo miedo de perderte.
Ojalá os enamoréis de lejos de alguien al que le podáis llamar gilipollas a la cara. Por lo menos una vez al año sin carreteras que colapsan sentimientos. Sin una señal que indique dolor, tan sólo el presentimiento de que lo mejor, acaba de aterrizar en el aeropuerto de Barcelona.



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